Toda la vida, he vivido una mentira

Nos enseñan a ver las cosas en un orden incorrecto. Por algo dicen: el “yo” no va de primero.

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Tomé decisiones incorrectas, cometí errores, admití algunos y escondí muchos. Estudié algo que no quería, para satisfacer una necesidad que no era mía.

Durante años, comenzando desde la adolescencia, me mentí a mí mismo y a la sociedad, hasta creando una identidad diferente para parecerme a alguien más, ¿quién? No lo sé, pero lo hice para recibir la aprobación de alguien. De nuevo, ¿quién? No lo sé.

En los últimos años, si me hacía una página de Facebook, era para conseguir likes. Me obsesionaba con que la gente me leyera. Si obtenía cierto puesto, o un logro dentro del mismo, era para recibir algún reconocimiento. Es más, si subía los rangos dentro de algún mercado laboral, era para que la gente supiera quién era yo. Seguía en ese ciclo vicioso, del cual no sabía que quería escapar.

También lo veía reflejado en las personas que me rodeaban y se representaba de maneras muy sutiles. Los estudiantes asumían que la información les tenía que llegar y no al revés. Un título debía garantizar un trabajo. Veía a conocidos míos que, con tal de obtener la aprobación del mundo, hasta tenían el patológico comportamiento de compartir una foto en el hospital.

No fue sino hasta en estos días que me debía cuenta de la gran mentira: todo este tiempo creía que el mundo me debía algo a mí, que el mundo tenía que reconocerme a mí como persona.

¡Qué falacia!

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Sí, es cierto: los seres humanos buscamos aprobación, sea de un grupo pequeño o de una masa de personas. Es esperado que tratemos toda la vida de encontrarla. Por esto, también, es normal que busquemos influir, ser reconocidos como líderes de opinión, innovadores y demás. Es sólo una manera más de buscar aprobación.

Pero, tenemos que ver las cosas objetivamente. Cada ser humano es una computadora enorme llena de información: experiencias, emociones, errores, aprendizajes, conversaciones, etc. Podemos considerarnos mega-servidores de vida, que ya vivimos algo que otra persona en algún lugar del mundo no ha vivido y anda en búsqueda de respuestas.

Por eso, el mundo no nos debe nada. Ni trabajo, ni dinero, ni aprobación. Ni mierda. Esa es la mentira que quiero dejar atrás.

Nosotros le debemos al mundo. No al revés.

Entonces, ¿es un error buscar la aprobación? No podemos negar que está en nosotros. ¿Dejamos de buscarla? No. No huyamos de nuestra naturaleza, como lo han reforzado Frenkl, Sinek y Harari. A nivel personal, cuando yo termine este artículo, lo voy a compartir en mi blog.

Si nosotros le debemos al mundo, es ayudar. Sea a esa persona en una esquina recóndita del planeta, o a miles.

Quiero incomodarle el pensamiento a las personas lo suficiente para que ellos hagan un cambio en sus vidas, a través de contenido con un poco de ficción para romper la imaginación y realidad para que otros la aprovechen. Es una nueva Machina Verborum.

¿Te apuntás a hacer lo mismo?

 

Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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