No esperés a ese momento

Queremos que venga un momento que nos ilumine, inspire e impulse a hacer un cambio. Pero podemos perder mucho tiempo esperando.

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Fueron tres las personas que tuvieron que esforzarse para pasarme de la camilla a la mesa de rayos X. Fría, igual que el aire cortante que me rodeaba. Pero apenas mis tobillos, mis pantorrillas y mis muslos tocaron el frío, me di cuenta tenía sensación en las piernas. Me alegró el frío. Especialmente cuando hace poco más de media hora, no podía mover ni mis brazos ni mis piernas.

La máquina de rayos X se acercó, como si estuviera examinando mis pensamientos. Entre zumbidos y pitos, comenzó a analizar todos mis huecos. No sé si logró ver la frustración que corría por mi cuerpo.

“¿Esto es todo? ¿Aquí se termina?” En cuestión de un segundo, todo cambió. Pasé de tener la opción, la alternativa, de elegir a que mi movilidad estuviera en vilo.

Esto fue el 3 de diciembre del 2011. Luego de ver a mi padre arrodillado a la par mía diciéndo que todo iba a estar bien, tal vez a sí mismo más que a mí y que un enfermero me dijera: no se mueva, que no sabemos si hay lesiones en la columna, cualquier cosa es fácil.

Después de todo, ese mismo día salí caminando del hospital. Luego de rehabilitación (aunque esta nunca termina), comenzó a darse un cambio en la vida.

Durante mucho tiempo, desde que me gradué del cole, me dediqué a esperar un momento de iluminación, un ¡ajá!, en donde dijera: “es ahora cuando todo va a cambiar.” No fue sino hasta que tuve el accidente que me di cuenta de muchas cosas, buenas y malas, que no veía antes, inclusive desde el colegio, esa tan tormentosa etapa.

Lo primero es que, conforme vamos pasando en el tiempo, buscando logros mientras concretamos otros, cerramos ciclos. Pero no siempre nos damos cuenta que la vida se da en pasos, a veces pequeños, a veces grandes. Entonces, no hay un momento de iluminación como tal. No habrá un ¡ajá! Ni nada por el estilo; el primer error que cometemos.

Pensamos que vendrá el momento en el que el cielo se abre, se ilumina el camino, y vemos con claridad nuestro propósito absoluto. Pero no todo tiene que ser un absoluto, blanco o negro, sí o no. Lo mismo se aplica en la vida: no podemos poner todos los huevos en una canasta. El camino hacia un propósito, al igual que muchas cosas, tiene en ocasiones un panorama sombrío, a veces la ruta que queremos tomar está cerrada, o ni siquiera sabemos cuál es.

¿Así es como queremos colocar todos los huevos en una canasta?

¿Decir: es este el único camino que hay?

Si podemos tomar la decisión de colocar todos los huevos en una canasta, entonces podemos escoger poner sólo algunos. Si falla, todavía podemos escoger. Nuestro segundo error es pensar que no podemos elegir, balancear, analizar, tomar más de una vía.

Pero luego, además de suponer que vendrá ese gran momento, pensamos que al verlo, dejaremos todo atrás. Al pensar en unos y ceros, en absolutos y no en relativos, creemos que la vida ahorita se tiene que quedar atrás. ¿Qué más aterrador que tal pensamiento? Por supuesto que nos asustamos.

Me gusta pensar en mí mismo como un gráfico de pastel, que se divide en múltiples partes: ingeniero, escritor, bloguero, adicto a leer, gimnasio, amante, etc. Cada parte tiene un tamaño y un propósito. No son estáticas. Su tamaño cambia dependiendo del momento, del contexto en el cual nos ubicamos y, lo más importante, dependiendo de nuestras decisiones.

Entonces, conforme vemos que las cosas realmente no son un absoluto, que no es necesario sacrificar toda nuestra vida para cambiar algo, ni pensar que dejaremos atrás todo lo que hemos logrado, pero que no que hay que aceptar la vida como es, vemos que no vendrá un momento esclarecedor.

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Sin ese momento en particular, nos quedamos atascados en cosas que no queremos hacer, pensando que eventualmente todo saldrá bien. Queremos cambiar, pero no estamos motivados. Nos frustra, una energía que se queda muy dentro nuestro.

Durante mucho tiempo quise cambiar mi vida y no lo hacía. Quería escribir y no me atrevía. Usaba la excusa de que los ingenieros mecánicos no escriben y ¡es cierto! Pero no soy sólo un ingeniero mecánico. No sólo estudié ingeniería, sino que leí, escribí, viví otras cosas, recorrí en mis tiempos libres el mundo que no vi en la U. Pero sólo soñaba y me frustraba.

Recuerdo cuando estaba hablando con una de las personas más nobles que he conocido, la doctora Laura Torres del CENARE, quien me vio directamente a los ojos y con una sonrisa juiciosa me dijo:

“Bernardo, si supieras que dentro de un año inevitablemente pasarás por el mismo accidente y esta vez sí quedarás parapléjico, ¿qué harías?”

“Todo lo que quiero hacer.”

“Entonces hacelo. Ya te diste cuenta de lo que podés perder, no dejés que te pase de nuevo.”

En estos cinco años que he tenido el chance de vivir de nuevo, la búsqueda del cambio ha sido una muy satisfactoria, aun con sus dificultades y luchas por contestar dudas que tenía, y todavía tengo.  Pero necesitó que me cayera desde el quinto nivel de una bodega y tuviera trauma en la espina dorsal, por dicha no totalmente dañino, para darme cuenta que era yo, y nadie más, quien podía hacer el cambio.

Los cambios son difíciles, sin duda alguna. No es fácil cambiar una cosa, menos muchas cosas, pero la única manera de saber si este cambio será difícil o no, es viviéndolo. Es pasando enfrentando las cosas que llegamos a concluir: somos dueños de lo que queremos hacer.

Y con respecto a ese momento, a ese Big Bang de motivación, iluminación y preparación. Ese momento no viene, ya llegó. Aquí está.

Nadie más lo va a aprovechar si vos lo desperdiciás.


¡Gracias por la lectura!

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

2 thoughts on “No esperés a ese momento”

  1. No hay que tocar fondo (o acceder a los fondos, la diploma, el tiempo, el momento perfecto) para ascender a nuestros sueños. Tuviste que sobrevivir una caída traumática para tomar los pasos adelante, arriba. Pasa mucho, que no se da cuenta de lo que vale en la vida hasta (casi) perderlo. Gracias por compartir tu historia inspiradora. Ojalá que sea suficiente motivación para salvar a otras personas atrapadas en excusas de su propio accidente revelador.

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