La vas a cagar

El peor error que podemos cometer es pensar que nunca vamos a equivocarnos

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La vas a cagar. Galácticamente. Y es lo mejor que te puede pasar.

Hace cuatro años, llegué bien temprano a la oficina. Tenía una energía positiva. Saludé a una compañera, sin notar algo diferente, y me senté en mi cubículo. En cuestión de minutos, me llegó un mensaje de ella por Whatsapp.

“¿Vos llamaste a fábrica para pedir los repuestos de los equipos que revisamos ayer?”

“Sí. Llamé a Juan directamente, ¿por?”

“Ah”, pausó. El silencio que dice: te equivocaste. “Dos cosas. Primero, vos no estás autorizado a pedir repuestos. Luego, como sólo llamaste y no hiciste un pedido oficial, no vamos a tener factura para poder sacarlos de aduana.”

Así comenzaba mi día. No lo sabía entonces pero este caso no se iba a ir de mi cabeza hasta que se solventara. Tomó dos meses, y muchos dolores de cabeza para solventarse. Desgastante.

El ritmo de una empresa privada competitiva a nivel internacional es casi incomparable. Aunque entré a este puesto, de Gerente de Calidad, con apenas 25 años y nunca había estado en un puesto de alto mando, ni tenía mucha experiencia en ese campo, había salido de lo que se reconoce (por el momento) como una de las mejores universidades del país y de una carrera que tiene un nivel alto de dificultad. Pensaba que me iba a ir fácil.

Todos estos factores me dieron una percepción muy equivocada sobre cómo funcionaban las cosas. Era una combinación perfecta para que algo saliera mal.

Así pasó. Cometer este tipo de errores puede traer consecuencias muy grandes, especialmente para empresas pequeñas que compiten a niveles muy altos, y no fue el único que cometí. Tanto así que hubo momentos en donde dije: mejor me quedo como empleado en alguna labor operativa, en donde no requiera de mucho pensar, simplemente hacer mi trabajo, y ya. Estaba enojado conmigo mismo, me daba latigazos con cada error.

Pero, a como es mi personalidad, que necesita estar sacudiéndose, más bien me frustraría. No podría tolerar tal decisión.

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Sabiendo que escogería estar permanentemente fuera de una zona de confort, y sabiendo que eventualmente me iba a equivocar, decidí emprender un viaje para tratar de entender porqué me enojaba tanto cuando me equivocaba.

Para esto, analicé mis labores, escuché a la gente para ver su percepción, y busqué cuáles eran mis puntos débiles. Desde exámenes de personalidad (de buen nivel, no esos de Facebook), hasta conversaciones terapéuticas, utilicé varios métodos para verme en diferentes puntos de vista.

Me di cuenta de algo. Antes pensaba que nunca me iba a equivocar. Pero me he equivocado muchas veces, muchas más de las que me hubiera gustado. Al idealizar que iba a ser perfecto en alguna labor, mi autocrítica era intensa.

Ahora bien, todavía me enojo de vez en cuando. Va de la mano con mi personalidad emotiva, pero luego de esta introspección, veo que mis errores son más detallistas y más pequeños. Anoto mentalmente lo que cometí, cómo lo solventé y sigo adelante.

No podemos evitar equivocarnos. Pero sí voluntariamente podemos evitar aprender. He ahí el verdadero error.

Así que, dejá de lado la idea de la perfección, aceptá que vas a cagarla, y aprendé.  

Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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