La pasión no es suficiente

Una idea nos apasiona. Pero necesitamos más que sólo pasión para convertirla en algo real

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Muy dentro de nuestras mentes, hay una idea, un sueño, que niega irse. Es un virus de pasión. Durante años, nos ha mantenido despiertos incontables noches. Durante días, nos han desconcentrado de las labores diarias. Queremos que se cumpla. Haríamos lo que fuera para que se cumpla. Ese virus, esa enfermedad, esa pasión nos genera una pequeña obsesión que se puede convertir en algo muy grande.

Cuando tenemos el virus de la pasión por un sueño, pueden pasar dos cosas. La primera es que nos debilita al principio—tal vez intimidándonos con su magnitud, o abrumándonos con lo lejos que se ve—pero luego nos hace más fuertes. La segunda es que sea tan poderoso, es tan determinante en nuestras vidas que sólo queremos dedicarnos a eso y nada más. Nos inmoviliza. Por esto, tenemos que tener cuidado en obsesionarnos sólo con la pasión.

El fin de semana pasado visité una actividad de Yo Emprendedor, donde vi emprendimientos de toda clase y calidad. Encontré un factor en común: los proyectos desarrollados tenían una base sólida de conocimiento.

Dos empresarias con productos médicos me explicaron los procedimientos legales, y el trabajo que conllevaba, para registrar sus marcas en Costa Rica y en otros países.

El ganador de hace dos años me explicó que Costa Rica tiene un gremio de emprendedores muy pequeño y que urge romperlo para poder expandir el horizonte del producto. Para esto, reconoció la importancia de redes sociales, comunicación y mercadeo.

Dos más me explicaron cuál figura comercial era la mejor para su emprendimiento en específico. La figura de sociedad anónima sirve para esto y esto, mientras una persona física para esto.

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Pero por otra parte, a través de los dos últimos años, he hablado con varios emprendedores que dicen: mi producto es suficiente.

No quiero aprender eso de finanzas, leyes, etc.

No soy bueno para esas cosas.

No estoy hablando de un conocimiento sobre nuestra idea en específico. Estoy hablando de conocimiento en general.

Con sólo imaginarnos la siguiente situación, comprendemos la posición incómoda en la cuál están muchas personas emprendedoras. Tienen una idea que las ha motivado por años. La han idealizado, la han visto crecer, con sus fallas y todo al punto que quieren que todo salga bien con esta idea.

Pero uno no quiere que la idea se quede en producto lindísimo, la próxima salsa McIlhenny’s o Shiracha, que está en nuestra despensa y le vendemos a los amigos cuando nos visitan. O la mejor app que hemos visto en el país que sólo las personas cercanas tienen en el celular. O un libro de management atascado en la esquina de nuestra computadora.

La idea tiene que convertirse en una realidad sostenible.

Entonces viene la obligación de expandir el conocimiento hacia otras ramas: mercadeo para la salsa, taller de escritura de negocios para el libro, consolidación informática para el app.

La gente tiene miedo de desatender la idea y que esta se deteriore. Entonces, surge una de las posibles soluciones: trabajar con otras personas que sean más letradas en los temas en los cuales nosotros estamos más débiles.

Pero esto automáticamente crea recelo, ¡por supuesto! ¿Cómo voy a compartir mi idea con los demás? Es totalmente entendible. Entonces, ¿cómo defendernos? Es más, ¿cómo llegamos a saber lo básico de algo para que las otras personas no nos bailen?

Es muy sencillo.

Nos informamos.

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La educación que recibimos en la universidad y colegios técnicos es una herramienta. Una, y nada más. Igual que aprender Word y Excel, la educación da pinceladas de las cosas que se pueden aprender en la vida real.

Además, la información que existe hoy en día es tal que nos permite consolidar de manera práctica, un conocimiento teórico que siempre nos ha faltado, sin importar qué hayamos estudiado.

En este preciso momento hay a disposición de manera gratuita y en línea algún curso, sea básico o avanzado, para atender cualquier duda que tengamos.

Las ideas que nos apasionan son un combustible, nada más. En mi caso, el crear contenido, escribir, bloguear y comunicar, es lo que me gusta. Pero si me quedara ahí, tendría un mercado mucho más limitado.

Si, por ejemplo, quisiera crear un taller de comunicación para emprendedores que sea sostenible, tendría que analizar el mercado en Centroamérica, analizar los costos de traer excelentes comunicadores, llegar a conocer mi público y cómo se segmenta, tomar todo eso, mezclarlo y crear una idea motivante. Todo esto lo tendría que hacer manteniendo costos bajos y publicidad de calidad.

Pero “la mejor manera de hacer un taller de comunicación para emprendedores en Costa Rica” lo más probable no salga en google. Tengo que investigarlo paso a paso. De ahí viene la frase crear su propia maestría, que sea de tres partes iguales: estudio, emprendimiento y exploración.

Ahora bien, el emprendimiento no es sólo para un producto final. Podemos crear emprendimientos para nuestro crecimiento personal. Les dejo la historia de un amigo. Hace unos meses, en un lugar con cerveza artesanal y hamburguesas gourmet, conversábamos sobre su meta de sacar una maestría de Ivy League, específicamente en análisis de la economía humana.

Esto no es una meta sencilla. Cuando le pregunté qué pasaría si no entraba, me contestó:

“No es una opción.”

¿Qué pasaba si no lo aceptaban? Una respuesta tan decisiva era peligrosa. Pero decidí no decirle nada y me alegré mucho cuando supe que había pasado todas las pruebas. Lo iban a admitir en la universidad que siempre había querido.

Fue entonces cuando le pregunté:  y, ¿si no te hubieran aceptado?

“Ese es el detalle. Sabía que entrar a esa universidad era casi imposible. No podía aventurarme con una base sencilla.”

Creó una plataforma sólida para que el rechazo fuera menos probable. No era sólo tener una pasión, una idea, en el caso de él, sacar esa maestría. Era estudiar para el examen día y noche. Era redactar la carta de propósito un mínimo de diez veces y mandarla a que la revisaran. Era sacar buenas notas desde el principio, hace ocho años, cuando entró a la universidad para sacar el grado. Luego de graduarse, era saber desarrollar ideas en el trabajo que le ayudaran a explorar ese ámbito y verse en un futuro similar.

Suena como un camino difícil, ¿no? Pues es así. No es sólo tener pasión. Es hacer.

Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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