Deje de trabajar tanto

Deberíamos descansar más. Y no, no hay nada de malo en querer ir más lento.

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Mae, deje de trabajar tanto.

Así me escribía una amiga por Whatsapp. Unos días atrás ella me había ofrecido un casting pero había estado con síntomas de fatiga—mareos, una visión afectada, ganas de hacer absolutamente nada, estrés, etc.—y tuve que rechazarlo.

Más que haber rechazado el trabajo, me llegaron más sus palabras: deje de trabajar tanto. Le respondía el texto desde la cama. Decidí levantarme y caminar alrededor del barrio. Algo me dejaba intrigado.

Lo irónico de todo esto es que estoy tratando durísimo de no trabajar tanto. Entonces, ¿por qué no lo he logrado?

Desde niños nos acostumbran a ciertos horarios para que, cuando salgamos, estemos más que preparados para estar de 8 a.m. a 5 p.m. en una oficina. Además, se nos inculca un sentido de carreras: carreras por ganar más, por ser el número uno, por tener más títulos, etc.

La combinación entre metas irracionales y esquemas laborales hace que dejar de trabajar sea cada vez más difícil.

Cuando ella me dijo esto, coincidió con una autoevaluación que hacía sobre los últimos meses: la universidad, el trabajo, el blog, la novela, el cuentario, consultorías, Punto y Aparte, hacer trámites para una compra de una casa. Joder, cuántas cosas y eso que no tengo hijos. Ni siquiera tengo perro.

Pero, todo eso, yo escogí hacerlo, al igual que muchos de nosotros. Tan sólo considerar nuestras vidas sin absolutamente nada que hacer, sólo levantarnos, comer, estar bajo el sol y dormir, suena tentador al principio, pero, al cabo de poco tiempo, sería una vida miserable. Por esto, los seres humanos somos criaturas que inherentemente tenemos que estar ocupados.

Si no, nos pareceríamos a los animales.

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Para algunos, no tiene nada de malo no estar ocupados. Pero otros sentimos que estaríamos desperdiciando nuestros puntos más fuertes: la capacidad de crear, de razonar y dirigir nuestros esfuerzos a hacer de este planeta algo mejor. Conforme pasarían los años, nuestras capacidades intelectuales se herrumbrarían.

Entonces escogemos ocuparnos para satisfacer esa necesidad que, pues, nos hace humanos. Lo podemos ver en las diferentes escalas y en diferentes personas que conocemos.

Algunas escogen pasar la vida ocupadas, siempre retándose, buscando cómo superarse, y cómo romper los esquemas establecidos todos los días. Otras escogen hacer sus labores bien, cumplir con los horarios, e irse a la casa a descansar.

Lo interesante es que socialmente, se ven “mejores” aquellas personas que se potencian, se retan a superarse, aunque no hay nada de malo con descansar. Lo malo es que, en ningún lado nos definen que tan ocupados deberíamos estar (claro, esto cambia con todas las personas, su nivel de actividad y su capacidad).

Pero a un nivel general, no existen rótulos en las calles que digan, con letras grandes, “hoy, pará el mundo y dedicá 10 minutos para meditar” o “recordá que hoy podés tomarte una copa de vino y no hacer aquel trabajo”, inclusive, “recordá que no tenés que ser el mejor de en todo”.

Evidentemente, rótulos de este tipo contrarrestarían la cultura de eficiencia y trabajo a la cual estamos acostumbrados: hoy no quiero hacer nada, quiero ir a mi casa a descansar, estar con mi pareja y hablar, o hacer ejercicio y luego dormir, o ir a caminar por los senderos. Sonaría poco exitoso.

Estaría peleando contra el mismo éxito que lleva a gente a la fatiga. Por ejemplo, un estudio en Alemania, ehcho por Klein, Frie, Blum y Knesebeck, indicó que 50% de las personas que están involucradas con la medicina, desde estudiantes, hasta doctores, tenía fatiga.

Esto también se ha encontrado en la mayoría de la gente que sigue un perfil de personalidad emprendedora o con objetivos de superación y, no sólo en la medicina, sino en muchos ámbitos: todos están cansados.

No sólo la competitividad nos presiona a que estemos cada día mejores, sino que la conectividad también afecta.

Actualmente, la conectividad nos presenta con la capacidad de revisar correos al instante, comunicarnos con personas en otros lugares del mundo con un clic, y cumplir con sus requerimientos de manera inmediata, algo que antes era imposible. Nuestras fuentes de entretenimiento digitales están en nuestras manos, pero también ahí está nuestro trabajo. El placer y el trabajo están ligados más de lo necesario.

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Entonces, el ritmo de nuestras vidas, querer cumplir con metas, los estándares que nos rodean y la facilidad con la que ahora nos comunicamos se han aliado para presionarnos. Pero eso no significa que tenemos que decirle sí a todo.

Rechazar ciertos proyectos no nos hará peores. Es más, deberíamos decir sí a muy pocas cosas; a las cosas que nos llenen con la satisfacción y tenemos la energía necesaria para hacerlas bien y disfrutarlas.

Durante estos dos últimos años, he tenido que rechazar proyectos que sonaban emocionantes. Pero a la vez, y juzgando por la reacción de mi amiga, no siempre ha sido suficiente. El tener síntomas de fatiga sólo demostró que había llevado mi cuerpo y mi mente al límite.

Conforme avanzamos en un mundo cada día más competitivo, más brutal en cuanto a exigirnos, más presente se hace la necesidad de desconectarnos de vez en cuando. Esto se puede hacer aun dentro del trabajo.

Las personas más productivas que he conocido en estos últimos dos años no revisan los correos antes de las 10:30 de la mañana, y luego de las 5:30 de la tarde tampoco. Esto les permite revisar diligencias y pendientes con claridad.

Estos mismos tampoco se llevan al trabajo a la casa, y saben que, si tienen un horario de 8 a 5, entonces tienen que ser eficientes para terminar todo dentro de esas horas.

Son personas que también disfrutan descansar. No piensan en otras cosas mientras lo hacen, y esto les permite aprovechar el tiempo que están utilizando para descansar para eso mismo: descansar. Entonces, parece contradictorio, pero ahorita, tenemos que ocuparnos de descansar y descansar bien. Lo dijo Marthe Troly-Curtin: el tiempo que disfrutaste perdiendo, no fue en vano.

 

Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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