Hay que celebrar con cuidado

A veces el éxito, el estar en el podio, es tu momento más débil.

Miré mi apartamento; los platos sucios en el lavado, los zapatos de gala tirados en el pasillo, los tacones puntiagudos de mi novia a la par del sofá. La cama no se había tendido, tenía el contorno del sueño ligero de la noche anterior, fatiga y euforia que pocas veces había sentido en mi vida.

En mi escritorio, o lo que se podía ver de él, estaban apilados los documentos del PIAAG, cuadernos, apuntes, la grabadora y dos computadoras. La pizarra colgada en la pared estaba llena de equis y círculos. Mierda, ¿todos los periodistas son así de desordenados?

Pero eran las seis de la mañana, ya tenía que alistarme para ir a trabajar, como si nada hubiera pasado; no podía quedarme a ordenar o a sentarme entre el desorden y celebrar. Tenía en mi mente unas tres o cuatro tareas importantes que cubrir durante el día, y si las sacaba más temprano, mejor.

Mientras desayunábamos, revisaba el celular. Tanta energía positiva y palabras de aliento me abrumaban, y eso que esto es el comienzo. Dentro de mí, una sensación de no creer lo que pasaba me empezó a consumir: el trillado necesitaba pellizcarme. Pero no, no necesitaba pellizcarme.

Me había pasado tantas veces que mi propio espíritu era el que me saboteaba me saboteaba, en donde, luego de un pequeño, mediano o gran triunfo, me sentía feliz, y en esos ánimos más altos, olvidaba el tiempo.

Repentinamente mis pensamientos traicioneros confabularon en mi contra y crearon esas imágenes de procrastinar. En un abrir y cerrar de ojos, ya era el 2018, abordaba un avión a Suramérica y no había logrado nada de lo que me había propuesto.

Pero estos pensamientos no serían nuevos. Hace unos meses, cuando tenía una pantalla enfrente, café (que nunca tomo), cientos de archivos digitales, varios en físico, entrevistas, imágenes, y un documento en blanco, sabía que lo tenía todo, la plataforma estaba lista para yo comenzar a redactar, y nada salía.

Lo peor es que no me presioné a que saliera. Una parte de mí decía, tranquilo, todo saldrá en su momento. Ya lo tenés todo, has sido exitoso en buscar la información, recopilarla y ordenarla, es sólo cuestión de ponerse a hacerlo.

Pues, dos días después, estaba escupiendo todo el conocimiento que tenía sobre el PIAAG en un documento en blanco que terminó siendo de doce páginas. Pobre mi editora, pobre, insisto. Terminé a las 3:15 de la mañana y mandé un archivo del cual no me enorgullezco. Es más, me da pena.

Ese día, dormí tres horas y luego me encontré, en la tarde, con el coach de Punto y Aparte. Hablábamos de esta aventura: estar frente a mi computadora y no salieran las palabras. Es más, yo no quería que salieran.

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No lo aplace, Batman

Entonces, volviendo a mi sala desordenada, mi desayuno ya frío y esa sensación de entumecimiento, no quería pellizcarme. No necesitaba pellizcarme. Necesitaba moverme, crear contenido, gestionar, concretar, mandar, recibir, hacer.

Pero me surgió la duda; ¿por qué? ¿Por qué nos ponemos en la situación en donde, luego de un triunfo, pensamos que todo está bien y más bien nos acomodamos?

Este caso es frecuente. Muchas personas tienen todo por delante, ya han logrado crear esos pequeños ladrillos para construir las paredes de su propia empresa y, conforme pasan los días, o meses, o años, no hacen nada. Estos ladrillos se erosionan, al igual que la motivación, y es un proyecto más que queda en el olvido.

Cuando obtenemos un triunfo o cumplimos con un objetivo, sea cual sea, tenemos una sensación de felicidad, de adrenalina. Esta misma nos manda en una zona en donde nos sentimos con complacencia hacia nosotros mismos.

Puede llegar a funcionar de dos maneras. La primera es en la cual nos da una sensación de confort, de satisfacción y nos eleva el ánimo y nos decimos a nosotros mismo: esto es un éxito, quiero disfrutarlo. De repente estamos viendo a la ventana como idiotas, felices. Pensamos que todo está bien y procrastinamos. Me gusta llamarla procrastinación inducida por el éxito y para los que quieren seguir moviéndose, creando, obteniendo otros logros, es la más peligrosa.

A mí me sucedió, y estoy seguro que todavía me sucede. Es más, antes, (y ese antes puede referirse a hace un mes), dejaba que esa sensación de confort me consumiera, aunque yo estuviera completamente consciente.

“Debería estar haciendo eso”, me decía a mí mismo. “Pero bueno, has avanzado bastante. Tenés que sentirte feliz con eso.”

Fueron bastantes las ocasiones en donde, por esa misma sensación, terminaba poniéndome contra la pared.

Pero la segunda se siente casi igual: nos eleva el ánimo. Nos decimos a nosotros mismos, esto es un éxito. Por eso es que es difícil diferenciar entre ambas.

La diferencia entre la procrastinación inducida por el éxito, y la productividad inducida por el éxito es lo que nos decimos a nosotros mismos.

CELEBRÁ

Cuando estamos frente a un éxito o un triunfo, podemos entrar en un estado de complacencia o más bien decir: voy a aprovechar esta bella sensación para seguir adelante y poder trabajar de una manera más amena.

En mi caso, cuando cumplo con objetivos y metas, siento que la presión baja por unos preciados segundos, días o semanas.

Al sentirme feliz, motivado, con cierta adrenalina fluyendo por mi cuerpo, trato de comprender dos cosas: primero, ya el momento, el logro, el éxito, el triunfo, o como quieran decirle, pasó. Es un ciclo, por tan pequeño o grande que sea, que ya se cumplió. Luego, me digo: no sé cuánto va a durar esta sensación de bienestar, entonces tengo que aprovecharla.

Tengo que aclarar: trato.

No lo he logrado aplicar todos los días. Todavía la sensación me traiciona. Recuerdo que, cuando me devolví de Nicoya, fatigado por entregar el reportaje, me di palmadas en la espalda y, por el afán de celebrar (de manera simbólica a través del descanso) dejé de lado ciertas cosas en el trabajo. En cuestión de un día, ya estaba corriendo por haber aplazado esas labores.

Como muchas otras cosas, la clave es dosificar. Sí, está bien celebrar. Pero no quiero quedarme celebrando, sentado en la cama, sintiéndome “exitoso”. Sería hipócrita y arriesgado. Más bien quiero celebrar mientras avanzo hacia otros objetivos.

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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