Dejemos de sabotearnos

De todos en el planeta, la persona que más ha saboteado tus logros, sos vos.

Vos, no un factor externo, detenés todo lo que has querido hacer, esa enorme cantidad de cosas en tu mente. Pero echarle culpa al resto del mundo es más fácil y suena más bonito.

Hace un par de años viajé a Estados Unidos para participar en dos conferencias de escritores. El manuscrito que llevaba tuvo excelente recepción: trece agentes literarios lo querían. Pero dos años después, la novela sigue en una carpeta perdida en el laberinto del escritorio de mi computadora. Ninguno de los agentes la aceptó.

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Nadie tenía la responsabilidad sobre el manuscrito más que yo mismo. Y fui yo el que decidió mandarlo sin haberlo editado a un 100%. Inconscientemente sabía que lo iban a rechazar.

Pero, ¿por qué lo hice?

Si sabía que, al darme un chance de corregir la novela entera, esta tendría mucha más oportunidad de ser exitosa, ¿por qué no me detuve y dije: que los agentes esperen?

Ahora, dos años después, veo que no estaba listo para afrontar lo que traería mandar una novela bien editada. Era más fácil decir: a los agentes no les gustó que aceptar que la novela necesitaba trabajo, no estaba lista o, aún más irónico, sí estaba lista y el que no estaba listo era yo.

Cuando nos enfrentamos a ese momento determinante, ese paso que nos lleva más cerca a alguno de nuestros sueños, muchos decimos: “mierda, y ¿si algo sale mal? ¿Será que esto es lo que quiero? Tal vez no soy tan bueno como creo.”

Recurrimos al auto-sabotaje más de lo que creemos. Alimentado por altos niveles de exigencia, a veces imposibles de obtener, además de que ahora hay más competencia que nunca, el miedo a mandarse al mundo hace que nosotros le quitemos importancia o calidad a nuestros proyectos personales.

“¿Para qué hacerlo? Lo más probable no soy el mejor.”

“Eso ya lo han hecho antes.”

“Ya a otra se le ocurrió.”

Pero decir esto significaría que por ejemplo, como ya hay otros blogs, todos los que queremos decirle algo al mundo, no lo haríamos. Lo mismo con libros, canales en Youtube, danza, etc.

No sólo eso, cuando vemos a esas personas y notamos cuánto efecto tienen en la sociedad, la duda sobre nuestra creación aumenta.

“No creo que sea igual de buena que tal.”

“Me robaron la idea. Ahora, mejor ni comienzo mi propia empresa.”

“¿No ves qué video más sin gracia y el montón de likes que tiene?”

Etc.

Leemos historias de otros emprendedores, creadores, artistas con proyectos casi perfectos pero no vemos la labor que les tomó llegar a eso. Es más, no vemos las fallas que tienen sus proyectos.

En el breve momento en que estamos en contacto con ellos los idealizamos sin  saber cuánto tiempo han invertido en lograrlo.

Además, pensamos que la situación en la cual se generó esa idea, y se consolidó en un proyecto, será exactamente igual a la nuestra.

Nos obsesionamos con que nuestras ideas tienen que darse exactamente igual a otras ‘más exitosas’, cuando más bien, replicar esas circunstancias es imposible.

El autor Dan Airelly ejemplifica el auto-sabotaje con una de las situaciones más comunes: la comida.

Digamos que fue un día sumamente largo. Tal vez, cerramos una auditoría, o entregamos un proyecto de campaña para una nueva compañía, o redactando la tesis.

Además, lo terminamos y no salió como queríamos. Salió bien. Aunque lo perfecto es lo enemigo de lo bueno, no estamos satisfechos. No queda más que apagar la compu e irnos a casa.

Son las nueve de la noche. No hemos comido en casi seis, siete horas, y lo que comimos fue una barra de granola y un jugo. Tal vez algo de café. Llueve y queremos estar en la casa. De camino, vemos que hay dos restaurantes: pizza y ensaladas.

Decimos: “ha sido un día largo, puedo darme un capricho.”

El resto es historia gastronómica típica de nuestros tiempos. Pedimos lo más indulgente, caprichoso posible, y mañana nos sentiremos mal.

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Te entendemos, Louis

Este es un pequeño ejemplo que nos lleva a algo mucho más grande.

Muchos se sabotean estando en un trabajo que no les gusta porque es lo único que conocen, o aún peor, porque están cómodos en él. Conforme me adentro más en comprender el mundo que me rodea, escucho el auto-sabotaje con una frecuencia preocupante.

Hay gente que sabotea su felicidad estando en relaciones dañinas por miedo a estar solos.

Otras personas, aunque están conscientes de que están en un ambiente dañino y pueden cambiarlo, están acostumbrados, se sienten seguras y tienen más miedo a conocer otras experiencias.

“Quiero otro trabajo, pero no quiero dejar este, me da miedo.”

“Quiero cambiar cómo me veo, pero no tengo el tiempo suficiente (mientras se dedican a comer de manera poco saludable).”

“Quiero renunciar y ser tal cosa, algún día lo haré. Pero ahorita no puedo porque gano muy bien.”

Quiero, quiero, quiero. Pero nunca hago.

Desafortunadamente todos estos son ejemplos de gente que conozco.

Entonces, si quiero ser autor, ¿por qué no mandé la novela?

En mi mente estaban las líneas de Donna Tartt y The Goldfinch y me decía: ¿logro yo esa misma emoción? O me obsesionaba con las rápidas y fulminantes descripciones de Susanah Cahalan y pensaba que mis textos no eran iguales. Me obsesionaba con el término best-seller.

No estaba listo para serlo. No estaba listo para que el mundo entero la criticara. (O elogiara). Tenía miedo de que no fuera a ser suficientemente buena.

La cantidad de agentes externos que quieren que nosotros nos saboteemos y nos quedemos quietos en nuestra zona de confort son muchos. Muchísimos.

No es fácil motivarnos, no es fácil dar el salto y hacer lo que nosotros queremos. Pero, actualmente, cuando cada vez hay menos chance para dedicar nuestra energía a lo nuestro, debemos aprovechar cada oportunidad. Esto, aunque no salga como esperábamos.

Y, ¿si la recepción de mi novela hubiera sido excelente?

Nosotros no estamos para sabotearnos. Para eso, está el resto del mundo. Nosotros estamos para alimentar nuestra pasión.

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

1 thought on “Dejemos de sabotearnos”

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