Somos influyentes y no lo sabemos

La mayoría de nosotros no pensamos que nuestros actos pueden llegar a marcar la vida de las personas que nos rodean. Pero somos más influyentes de lo que creemos.

El humano es inevitablemente social. Nuestros ánimos, nuestras metas de vida y fracasos, las habilidades y desventajas, hasta los gustos terminan filtrándose en otros alrededor de todos los círculos sociales en los que interactuamos diariamente. Es imposible no influirse. Y es imposible no influir, especialmente en el trabajo.

Cada conversación puede afectarnos, o a otras personas, de inmediato, a mediano plazo o dentro de años. Surge la duda, ¿deberíamos planificar lo que digamos, hagamos o hasta escuchemos?

Pues sí, en cuanto queramos tener influencia para bien, para mal, para el beneficio de ellos, o el nuestro. Desconocemos ese gran poder: motivar a otros a crear, destruir, cambiar o regenerar.

Este artículo no se trata sobre la dominación. Estar en un puesto de autoridad podría permitirle  cierta hegemonía que no veremos aquí, sino cómo aumentar la eficiencia de la gente alrededor.

Digamos que sos una persona proactiva, decidida y eficiente, podrías llegar a influir a nuestros colaboradores desde el momento en que llegaste. Pero, si tenés compañeros que son lo inverso podrían llegar a influirte a vos.

En un tiempo, podrían haberse influido mutuamente. Esas personas serían un poco más eficientes, proactivas y decididas, mientras que vos un poco menos. No necesariamente lo que queremos, ¿cierto?

Para lograr nuestro objetivo, se parte de un elemento base: la reputación. Sólo después de esto, vienen detalles adicionales (como asertividad, personalidad, acciones y demás).

Generar una reputación, por ejemplo, de una persona que consistentemente presenta resultados buenos, no necesariamente perfectos,  se puede crear confianza en los demás y a través de esta influir.Pero esa reputación tiene que durar, aún en momentos donde parece que estamos perdiendo la influencia y nos sintamos en desventaja.

Por eso, no podemos disociar la reputación con nuestra estabilidad anímica. Lo que llaman asertividad, nuestros ánimos y cómo controlarlos, tiene una repercusión positiva no sólo en influir sino en todas las cosas que hacemos en el trabajo.

De ahí es donde viene mi comentario sobre analizar todo lo que hacemos, decimos y escuchamos. No podemos dejar de escuchar lo que nos rodea: sólo así evitaremos que las personas que no son asertivas, sino agresivas, nos influyan a cambiar nuestras decisiones.

Recuerdo que, apenas comencé a trabajar, era sumamente anímico (todavía lo soy en ciertas ocasiones) y esos cambios de ánimo hacían que alrededor mío no se supiera cuándo podía escuchar sugerencias y cuándo no. Automáticamente perdía la influencia.

Analicé a la gente que lograba que sus equipos trabajaran bien y cumplieran con lo pedido. Le pregunté a una compañera y me dijo: “primero por no putearte. Luego, trabajá en lo que vos hacés y hacelo bien, sólo hasta entonces le podés pedís a la gente lo que vos querés. Y, sí, toma un montón de tiempo.”

En mi caso seis años, y no termina. Pero los resultados que he obtenido al trabajar en mi influencia han logrado sostenerse en ese “montón de tiempo”. Si queremos lograr influir a las personas, es una disciplina de nunca acabar, que comienza con pequeños detalles, como limpiar nuestro escritorio todos los días para que vean que somos ordenados.

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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