¿Por qué no podemos ser orgullosos?

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Comencé a escribir hace unos catorce años. Pero como buen adolescente, mis textos estaban acompañados de duda e inseguridad. Podía pasar horas de horas creando y no faltaron las veces que le di la bienvenida al sol y aun así, no quería que mis papás supieran que escribía, entonces me escabullía antes del amanecer.

Los primeros años tenía tal miedo que a la gente no le gustara era tal que no le conté a nadie. Es más, firmaba con un pseudónimo. Se podría decir que mis primeros trabajos están escritos por otra persona.

Así, como yo, he conocido a tantos que tenían, y tienen, miedo de lanzar sus creaciones al mundo para que las vean, y las critiquen.

Hace unos días, hablaba con un conocido  y le conté ese pasado tan inseguro. Preguntó: “¿Qué cambió para que pongás tu nombre ahora y no antes?”

Qué buena pregunta. ¿Qué fue lo que cambió?

Dos aspectos esenciales me vinieron a la mente. Primero, el querer a mi contenido, del cual hablo en esta entrada. Luego, el más importante: sentirme bien, haciendo algo que me gustara, me permitía usar esa energía positiva para otras cosas. Este momento en el tiempo me llenaba. Y me sigue llenando, de orgullo.

Si bien es cierto, usar el término orgullo es delicado, es necesario entenderlo.

Los dos tipos de orgullo

El orgullo es tan confuso que ha intrigado a las sociedades durante siglos. Hasta en su definición tiene características positivas y negativas.

Por un lado, el orgullo se concentra en el estatus, los méritos y logros, influido (o corrompido, de acuerdo a algunos expertos) por el deseo de comprobarse hacia el mundo. Por otra parte, se refiere a una auténtica sensación de afecto hacia los motivos personales y aquellos de grupos de personas cercanas a uno.

Para diferenciarlos, los nombraremos.  El orgullo que va ligado a la arrogancia en inglés se define como hubristic pride. Lo traduciré como orgullo hubrístico. El otro es el orgullo auténtico. Es más fácil alimentar a uno en específico; no necesariamente al correcto.

Ser orgulloso:

Cuesta creer sea un tema tabú. Es más, hasta el mismo término puede ser un insulto: ese mae es un orgulloso. Pero,  suena contradictorio. Más bien, deberíamos estar orgullosos de nosotros mismos.

Pero, analizado el mundo que nos rodea, se ven claramente las causas por las cuales el orgullo es tabú. Diariamente nos bombardean con influencias hubrísticas. Como había hablado en esta entrada, se vuelven prioridad temas como la acumulación y retención de capital económico, el aumento en posesiones materiales y la competencia sin sentido.

Un artículo Carver y Johnson explica la relación de estas y el orgullo hubrístico:

El orgullo hubrístico se ha relacionado con una orientación hacia dominación jerárquica en la cual el estado depende de la validación social; esta orientación de dominación, a su vez, se ha relacionado con la persecución de objetivos extrínsecos.

Actualmente vivimos sumergidos en un sistema jerárquico, en donde la dominación se vende como necesaria. Automáticamente relacionamos al orgullo con este sistema, asociándolo con las causas incorrectas.

Entonces, ¿cuál el orgullo auténtico? ¿Cuáles son las causas correctas?

Partamos de la definición más sencilla, a su vez, la más bella: de manera propia e independiente, el orgullo auténtico es aquel que viene de reflexionar sobre lo que uno ha logrado y no lo que no se ha logrado para satisfacer un sentir de pertenencia.

Adentrándonos un poco más, el orgullo auténtico no va necesariamente relacionado con un tema de crecimiento, o de obtención de capital, y va más enfocado hacia obtener una satisfacción de las labores que uno hace diariamente.

¿Significa esto, entonces, que un orgullo es más importante que el otro?

Los malos contra los buenos

El orgullo hubrístico no es malo, per se. Un ejemplo es el trabajo: las empresas evalúan a los colaboradores partiendo de un desempeño.

Somos buenos o malos si cumplimos con objetivos. Es un mundo competitivo, en el cual el orgullo hubrístico está presente. Para tener éxito en este mundo, al fin y al cabo, tenemos que mostrar que somos buenos, hasta dominantes, para sobrevivir. A veces, dejamos de lado la satisfacción personal, con tal de crecer económicamente.

Podría decirse que, para la satisfacción personal, la sociedad no nos va a ayudar. Al menos no al principio.

Actualmente, en nuestro ritmo consumista, el atender la mente y el bienestar espiritual va en contra de lo establecido. Por esto existen muy pocos canales sociales que fomentan la reflexión.

¿Cuántos anuncios en la televisión nos han dicho: sentate en silencio para meditar sobre lo que has logrado en tu vida? Entonces, al ser más difíciles de encontrar esos canales, la cantidad de gente que desconoce que puede haber un orgullo auténtico es grande.

No es sólo lo de afuera y no es ser perfecto

El crecimiento económico trae sus dividendos a corto y a largo plazo. Pero nos hemos dedicado mucho a lo hubrístico. Dejamos de lado lo auténtico, e ignoramos su importancia.

El valor del orgullo auténtico, además de enseñarnos a disfrutar la vida y buscarle un sentido, como encontraron Carver y Johnson, nos da una herramienta clave: la adaptabilidad.

Cuando hacemos algo que nos gusta y nos queda bien (no perfecto), nos motiva y da energía. Esa energía viene de la gratitud hacia uno mismo por hacer algo bien. Nos adaptamos a las condiciones para seguir disfrutándolo.

El hacer algo bien viene de creer en uno mismo: el orgullo auténtico.

Volviendo a la pregunta, ya encontré la respuesta. Al principio, no estaba orgulloso de lo que hacía, e igual quería que mi primer libro, mi primer blog, mi primer proyecto fueran best-seller. Pensaba que eso era lo que me enorgullecería.

Pero ni siquiera reconocía mis propias obras. Dejé de lado un montón de dinero y reconocimiento que no me merecía, ¡si ni siquiera creía en mí mismo!

Entonces, sabiendo que quería crear, escribir y comunicar, tomé un nuevo enfoque. Cuando creé Machina Verborum dije: “la máquina de hacer palabras, al fin y al cabo, soy yo. Lo que me guste. Soy bueno, y voy a mejorar.”

Lo dijo Terry Crews: Energy comes from gratitude. Gratitude comes from believing in your own shit.

 

 

 

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

2 thoughts on “¿Por qué no podemos ser orgullosos?”

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