Liderazgo y presidencia

En Gerencia, le enseñan a uno que las reuniones más productivas son aquellas que son cortas, los líderes están presentes y los objetivos deseados se transmiten de manera clara y concisa.

Estamos acostumbrados a relacionar el término líderes con empresas privadas, no tanto así en las instituciones públicas. Pero el término aplica por igual. También, importa resaltar que un líder no es necesariamente una persona con un rango alto.

La presencia de un líder, en cualquier entidad, debe entonces calar lo suficiente, para que en su ausencia las cosas se sigan haciendo de la mejor manera. Al fin y al cabo, ser un líder es “obtener resultados a través de otros.”

Esto es necesario cuando un líder está fuera de la institución, sea creando nexos comerciales, económicos o políticos. La mayoría de empresas que, sin importar qué tan grandes son, logran esta sostenibilidad, lo hacen a través de la obtención de líderes a todo nivel.

Si bien es cierto, hacer una comparación entre el Estado y una empresa es agresivo, me permito hacerla. Planteé la siguiente pregunta en las redes sociales:

“¿Debe o no viajar mucho el presidente de un país?”

Antes de adentrarnos el tema, un poco de estadísticas: el próximo viaje del presidente será el 22 y va actualmente por su mes 25 de gobierno. Eso equivale a casi un viaje por mes.

La duración de estos viajes puede ser corta, de uno o dos días, o de una semana por lo que no se puede decir que ha estado ausente todo este tiempo.

Las metas de sus viajes incluyen el fortalecimiento comercial con Europa, la inclusión en la OCDE, inversión por parte de Estados Unidos y participaciones diplomáticas como las de Roussef y Morales.

Volviendo a la pregunta que lancé, las reacciones fueron muy interesantes: “El presidente viaja mucho. No está en el país. No muestra la cara.”

Ahora bien, la labor de un presidente no es fácil; nunca lo ha sido. Lo mismo se puede decir de hablar del presidente.

Hay que recordar algo: la capacidad de accionar de un presidente en un país como Costa Rica, debido a su estructura política, es limitada. Requiere de la participación activa de otras personas para lograr resultados.

Personas que, en una maraña burocrática, pueden frenar cualquier proyecto, planteado no sólo por el presidente, sino por otros similares. Fue por esto que utilicé la comparación de líderes.

Si bien es cierto, este país cuenta talento humano inigualable en la región centroamericana, se encuentra deficiente en los rangos medios que, desafortunadamente, son los que tienen más inherencia sobre la toma de decisiones, convirtiendo ideas perfectas en trabados procesos burocráticos.

Claro que esto no exime al presidente. Su presencia y liderazgo también tiene que calar. Existen varias oportunidades de mejora en su presencia y comunicación.

Que tiene que viajar, tiene que viajar. Sin embargo, cuando está en el país, tiene que mostrar el seguimiento a las cosas que prometió. Tiene que referirse a temas que ha dejado en el aire. Más importante que eso, tiene que tomar acción.

De igual manera, la red de apoyo que tiene, su gabinete y demás, tienen que reafirmar su posición como autoridades. Los ministerios deben tomar control de lo propio para rendirle cuentas a la autoridad.

Es labor de los líderes dentro de los mismos adentrarse y romper con la ineficiencia. El presidente no puede ir persona por persona, tratando de corregir una mentalidad.

Lo que nos lleva a algo que no es secreto: finalmente, los ciudadanos también tenemos que liderar.

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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