Agarrarse de los huevos

Siempre me he preguntado, con este tema, ¿por qué es que lo permitimos pero no nos gusta? 

A veces, los movimientos de Pilates pueden dar desplazamientos testiculares no planificados. El reposicionamiento es necesario para la fluidez adecuada de la rutina. Sin embargo, el acomodarme a la libre, simplemente bajar la mano, agarrar, y mover, siempre ha, valga redundancia, incomodado.

Por esto es que mi instructora de Pilates y yo inventamos un código al que le llamamos flip. En el momento que suscita un acomodo, digo flip, ella se da la vuelta, y así contamos con los breves momentos de comodidad que necesitamos. Fue una decisión mutua para la calma mental.

Todos los hombres hemos pasado por lo mismo: sea caminando, sentados, o simplemente de pie en una esquina, hay que reajustarse. Pero la idea de agarrarme los huevos en público y acomodarme, desde niño, me había causado cierto desagrado.

No podía ir por media avenida y de la nada acomodar, despegar, empujar, jalar, lo que fuera, y seguir con mi camino; prefería mantenerme así hasta encontrar un lugar más apartado.

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Quién sabe si estos dos lo planificaron. Georgia’s George Gogshelidze is thrown by Kazakhstan’s Taimuraz Tigiyev in a 96 kilogram freestyle wrestling match at the 2008 Olympics in Beijing, Thursday, Aug. 21, 2008. (AP Photo/David Guttenfelder)

Con esta intriga latente en mis pensamientos, hace poco leí un artículo en la revista Vacío sobre los lenguajes corporales del hombre en la calle. Entonces decidí investigar un poco el fenómeno de agarrarse los huevos. En serio.

Comencé por el cuerpo. Dice mucho; puede conversar sin una sola palabra. Es más, las conversaciones verbales son definidas, en su mayoría, por nuestro lenguaje corporal. Desde inclinarse hacia adelante para dominar hasta hacerse para atrás y cruzar los brazos para ponerse a la defensiva, nuestro cuerpo nos ayuda, o perjudica, de muchas maneras.

Sabiendo que el mismo cuerpo habla, ¿en dónde pertenece la tendencia de los hombres de agarrarse en público? Conforme me adentré en la investigación, encontré lo que concluyo son tres grandes ramificaciones de este fenómeno: un ámbito psicológico, uno social y otro fisiológico.

La psicología del Macho Alfa:

No nos hemos logrado desligar de aquel instinto básico que nos ayudó hace miles de años. Seguimos siendo primitivos, pero usamos smartphones. Dentro de esos instintos está el comportamiento dentro de una manada, en donde hay órdenes sociales y jerarquías.

Interesantemente, los hombres utilizan ese lenguaje corporal para tratar de establecerse dentro de las manadas, sea una oficina, los compas, o un bar. Una de las maneras más sencillas es dirigir la atención hacia la entrepierna. Aun cuando no son situaciones en las cuales lo amerita. (Poco efecto tendrá en un bar lleno).

Pero esto no quita que lo sigamos haciendo.

Es más, conforme pasan los años, varios estudios han encontrado que los hombres no sólo despliegan su dominancia en un grupo tocándose. También lo hacen con las manos cerca del entrepierna, con las piernas abiertas, ajustándose la faja constantemente o metiendo los pulgares en el cinturón.

Estrechamente ligado con esto está el abrir las piernas de manera exagerada. El término que se aplicó en inglés fue “manspreading”, que ha causado controversia durante los pasados dos años. El hombre establece su dominancia al abrir las piernas e incomodar al resto de las personas.

Pero adentrarse en el tema de manspreading será, creo, para otra entrada.

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Él no hizo manspreading

Me llamó la atención que la mujer no puede asumir ese idioma. O al menos no tiene el mismo efecto. Un estudio de Berkeley mostró que las mujeres que asumían un lenguaje corporal agresivo, “similar” al de los hombres, podrían más bien ser tomadas como débiles o sumisas, dependiendo del entorno que las rodeaba. Algunas hasta calaban como desesperadas.

Es más, en nuestra sociedad, una mujer que toma ese lenguaje más bien llamaría la atención por inusual.

Lo social de la sociedad

Italia, país que por muchos años fomentó el agarrarse los huevos para buena suerte, emitió criterios para que el gesto se considerara ilegal, citando que agarrarse “debe verse como un acto contrario a la decencia pública, un concepto que incluye el nexo de reglas socio-éticas que requieren que todos se abstengan de conductas potencialmente ofensivas hacia sentimientos de decoro sostenidos de manera colectiva.”

Sin embargo, es uno de poquísimos país que ha hecho algo al respecto. Además, la mayoría de la crítica que encontré se dirigía hacia más bien lo opuesto. Hay movimientos, en Estados Unidos, que fomentan el agarrarse los huevos y que no debería ser penalizado ni mal visto por la sociedad.

A la gente le incomoda que otros hagan lo mismo, pero no quieren aceptar que lo hacen. Al nadie decirles nada, la mayoría de los hombres lo hacen.

Esto refleja muchos ejercicios sociales como el machismo, la violencia y la corrupción, en donde fustigamos a otros, pero participamos a escala macro o micro en las mismas. Al fin y al cabo, son conductas aprendidas que criticamos, pero no cambiamos.

Pongo una serie de ejemplos: queremos que todos manejen bien, sin embargo no siempre damos campo en la carretera (aun cuando nos piden educadamente). Fustigamos la corrupción, pero tenemos permeado buscar maneras de pagar menos impuestos. Sobran los ejemplos.

Pero si son aprendidas, también se pueden desaprender, ¿no?

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Eso es un crimen

La mayoría de los hombres siguen este comportamiento por puro hábito y pues, porque nadie nunca les ha corregido el comportamiento. Surge entonces la pregunta, ¿hay que corregirlo? ¿Hizo bien Italia al tratar de fomentar el cambio?

Pero, a veces incomoda

Llegamos al punto más importante, y el más sencillo: el fisiológico.

No podemos negarlo: pican, se pegan, el calor afecta, también el frío, la ropa, el estar sentado mucho tiempo, el estar de pie, etc. Las causas por las cuales hay que acomodarse, a nivel fisiológico, son muchísimas. Simplemente, hay que acomodarlo.

Pero, también sacarse un moco puede generarse por incomodidad y no pasamos haciéndolo. Bueno, algunos, pero ese es otro caso.

Si bien es cierto, nuestra comodidad es importante, también está la de los demás. En nuestro día a día, debería contener, en mi opinión la planificación de logística para un ajuste rápido que no incomode al resto de la gente.

Claro, muchos hombres van a saltar y decir: “mae, pero es algo normal, es algo que necesitamos hacer.”

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Oh, ese Jesus es un pillo

Sí. Pero la gente de alrededor no lo necesita, al menos en ese momento, al igual que no se necesita estar pitando como loco, ni robar impuestos ni gritarle a las mujeres. Se necesita lo opuesto.

Tan sólo se piensa en el momento en que, en un bus, sentados, un mae se acomoda los huevos frente a uno, y no deja de rascarse, ni jalar, ni pellizcar por los cuarenta minutos que dura el viaje.

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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