Renunciar a veces es la solución

Tal vez renunciar no es tan malo, aunque en nuestra sociedad nos enseñan que no hay pecado más grande.

En estos meses, noté dos vertientes interesantes sobre la persecución de las metas, sueños y objetivos de cada uno.

Existe la frase que dice “escoja cuáles batallas pelear” y varios autores, como Seth Godin, plantean que las personas exitosas saben cuáles peleas escoger y siguen por el camino adecuado para ganarlas, aun cuando el camino sea sumamente difícil.

La otra es “escoja algo que le gusta y no tendrá que trabajar un día de su vida”, una tendencia que siguen mentes como Raj Raghunathan, que se enfoca en la felicidad, satisfacción y orgullo del proceso de hacer lo que a uno le gusta.

Yo creo que hay que combinar las dos. Los dividendos de hacer lo que a uno le gusta, aunque sea difícil, tendrá resultados excelentes.

Pero, ¿qué tiene que ver con renunciar?

Hagamos un análisis de nuestra sociedad durante los últimos, digamos, treinta años.

Es un sistema educativo que busca enseñar la mayor cantidad de un poco de conocimiento a la mayor cantidad de gente. La facilidad será el primer paso.

Recordemos a aquellos exámenes en donde nos decían: “si no se saben una pregunta, salten a la próxima de inmediato, para no perder tiempo.” Nos enseñan que, con tal de que pasar un curso, se puede tomar el camino más fácil.

No era sino hasta que uno sacaba todas las preguntas fáciles que se concentraba en la grande, la de veinte puntos, pero, con poco tiempo.

Esto iba muy de la mano con la idea de que era bueno tener notas buenas en todo. A uno le iba mejor con seis noventas en el boletín que, por decir, con un cien y cinco sesentas, ¿no?

Desde ese entonces, de evitar los retos grandes y dedicarse a los fáciles, con tal de no renunciar.

Sin embargo, como hemos visto a través de los tiempos, no toda la gente está diseñada para saber de todo. En la “vida real” (otro tema para luego), no nos sirve que el ingeniero que está construyendo la casa era muy bueno en Estudios Sociales, o que el contador era bueno en Historia.

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Nos sirve que las personas sean buenas en lo que hacen. El ingeniero tiene que ser bueno en construir casa y el contador tiene que ser bueno en sacar gastos contables.

Además de esto, hemos visto en estos últimos años, que la cantidad de cosas buenas a nuestra disposición parece que aumenta.

Después de todo, yo consigo lo mejor que yo puedo pagar, a lo cual yo puedo llegar (o que pueda llegar a mí) y con lo cual yo me sienta cómodo.

Yo contrato al mejor ingeniero civil que yo pueda pagar, que viva cerca, cuyo portafolio me guste y, al final, cuya personalidad me agrade.

Ser el mejor se ve sujeto a la perspectiva del usuario final. Como nota adicional, por esto, recomendar a algo o alguien es tan delicado: es demasiado subjetivo.

Vemos entonces que ser el mejor es absolutamente relativo, se condiciona al ambiente que lo rodea. El truco no está en sólo ser el mejor.

Si el cliente busca su felicidad y su satisfacción, parecería lógico que uno busque lo mismo en las cosas que hace.

Como habíamos hablado en esta entrada, la felicidad proviene de hacer algo que lo motive a uno, le dé una sensación de orgullo además de ser provechoso para su persona, y preferiblemente a la sociedad.

Así que tomando primero que lo mejor es relativo, segundo, que ser bueno en todo no necesariamente es positivo (además de ser imposible), y tercero, que la felicidad tenemos que colocarla como algo importante, vamos viendo que tenemos que tomar decisiones.

Si una persona está haciendo algo que no le gusta, cuando tendría chance para hacer lo que sí le gusta, se encuentra desmotivado y comprar cosas materiales no le trae felicidad, parece muy claro que es un buen momento para hacer un cambio.

Esto nos lleva a la lógica, no tan lógica, conclusión que renunciar a ciertas cosas es bueno.

Es más, renunciar a la mayoría de las cosas es bueno, las cosas que nos quitan la energía de hacer lo que nosotros realmente queremos y en lo que somos buenos.

Aunque nos plantearon que renunciar era malo.

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No sólo esto, nos plantearon que renunciar a las cosas era un error porque eventualmente rendirían sus frutos, aun cuando eran cosas que no nos satisfacían, como únicamente el dinero, o las posesiones.

Pero, ¿cómo sabe el resto de la gente qué proyecto va a fructificar? ¿Cómo sabe la gente cuál es el proyecto que me sirve a mí?

Usualmente sabemos qué es lo mejor para nosotros. Pero son las decisiones que nos da más miedo tomar.

Tenemos que hacer un balance entre las consecuencias positivas y negativas; usualmente representarán un cambio en las finanzas, una incertidumbre y ansiedad, es más, hasta un posible rompimiento con el país de uno, etc. Es lógico que da miedo.

He aquí una pequeña historia.

Hace unos meses, por referencias y contactos, me llegó una oferta de un proyecto con una empresa que se llama Wall to Wall, una producción audiovisual, con la cual yo tenía experiencia nula. Esta empresa estaba comenzando un documental para National Geographic.

Llegó justo al mismo tiempo en el cual comenzaba el proyecto de Punto y Aparte, que me daba una base fuerte para mi carrera periodística. Además, llegaba en el momento que estaba comenzando cursos en otro cuatrimestre, y no sólo eso, el tráfico en este blog aumentaba considerablemente.

El proyecto con Wall to Wall no era fijo, estaba en etapa piloto.

Pero era National Geographic.

Tomé un tiempo para balancear las cosas y me di cuenta que, por tan tentador que fuera estar en el proyecto con National Geographic, las consecuencias de dejar tres cosas en las cuales me iba bien, y estaba feliz, no eran suficientemente positivas.

Lo opuesto, serían bastante negativas.

Sin embargo, sé que las cosas que están consumiendo mi esfuerzo ahorita tendrán dividendos en un futuro. Es más, fue por establecer esta plataforma, por estar más activo en este medio, que llegué a tener el contacto de Wall to Wall.

Entonces, renuncié al chance de estar en National Geographic. Por ahora.

Al enseñarnos que las recompensas de un sistema como el actual—financieras, materiales, acumulación de bienes—son las importantes, perdemos la importancia de atendernos a nosotros mismos.

Y sí, la sociedad nos mete miedo a perseguir los sueños. Es la mejor manera de contenernos en sus ideales y no los nuestros.

Pero el miedo puede ser un alimento.

 

 

 

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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