La porno de la felicidad

El mundo que nos rodea parece estar mucho más feliz que nosotros, y queremos ser parte de él.

No hay nada más motivante que ser seguidor de alguna cuenta cool en Instagram, Twitter o Youtube, sea de viajes, de estilos de vida o de negocios.

Que les paguen por cada mil vistas o que la cuenta de aquella muchacha que lo único que hace es ponerse ropa y subir fotos tenga un millón de seguidores y le patrocinen dicho estilo de vida, parece el Shangri-La de nuestras vidas.

¿Qué más divertido que vivir de Instagram, Twitter o Youtube? Uno pasa horas de horas viendo esos canales, soñando, queriendo, escapándose de la realidad.

A veces, muchas, hasta en clases de la U.

Nuestra generación tiene la ventaja que puede estudiar prácticamente lo que quiera y, ¿por qué no decir que es un regalo?

Después de todo, nos vemos aclimatados por la misma pornografía psicológica que vemos en los medios y en las redes sociales: soy ingeniera en mi trabajo de ensueño, me levanto todos los días a vivir mi sueño, soy el mejor porque me encanta lo que hago.

Finalmente, están esas historias donde se manda al carajo a la autoridad.

Varios libros incitan a mandar todo al carajo, levantarse y buscar el sueño: tener un trabajo en la playa, o vivir viajando; especialmente motivante es esto cuando uno está encerrado en un cubículo, con aire acondicionado y la única manera de broncearse es con fluorescente.

Pero muchos estudios indican que nuestra generación está más insatisfecha.

De hecho, entre la gente que está evaluada como inteligente, se mide más un grade de insatisfacción, cinismo y cuestionamiento a la sociedad.

Y va muy de la mano con lo que nos rodea.

¿Cómo lo rompemos?

Quitar la idealización a las redes sociales es lo primero. Las redes no son todo. Aunque eso parezca. Cuesta mucho ver lo que hay detrás de la foto o del post.

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¡Es hora de tomar el mundo por los cuernos! ¡A volar y ser su propio líder!

De hecho, Nomadasaurus, una pareja que escribe un blog de viajes contó que en un punto no tenían plata y lo único que pudieron comprar fue hilo dental, porque la pasta de dientes era más cara, y consideraban que el hilo dental era mucho más eficiente.

Aceptar estas cosas nos permite volver a la realidad; se necesita trabajo para obtener resultados. Esto sin decir que no es posible obtener los mismos resultados. O, tal vez mejores.

La universidad es un bien con sus males.

Pasamos a la famosa carrera universitaria. Las promesas que se ejercen durante los estudios, de grandeza profesional, siento que son necesarias.

De otra manera, ¿cómo obtendríamos estudiantes en una época en la cual cuestionamos todo?

Sin embargo, y por experiencia, he visto como estas desaparecen completamente al entrar al campo laboral. O más bien, cambian.

Después de todo, es facilísimo culpar al trabajo, esto es un factor externo: no nos obliga a analizarnos a nosotros mismos, uno de los retos más grandes que existe.

Lo que se había prometido usualmente termina siendo menos—la paga, las labores, la ubicación, el o la jefe, lo que sea—no motiva tanto a como se colocó en una bandeja al comenzar los estudios.

“Mae, me encanta mi trabajo”, es una frase que rara vez se escucha. Rompe con el esquema. De hecho, recientemente en un concierto, le pregunté a un amigo que cómo iba el trabajo y me contestó eso mismo.

Estuve alegremente silenciado. Sólo pude contestar: “me encanta que te encante.”

Pero, ¿por qué cuesta tanto encontrar la satisfacción en el trabajo? ¿Será que va ligado no sólo a esa idealización de los puestos sino también a una falta de auto-análisis?

Después de todo, es facilísimo culpar al trabajo, esto es un factor externo: no nos obliga a analizarnos a nosotros mismos, uno de los retos más grandes que existe.

Además de que la mayoría de las universidades no promueven activamente el auto-análisis. ¿Por qué lo harían? Ahorita lo que se necesita es fuerza laboral, no gente que se conozca bien.

Lo cierto es que las herramientas sobran. Aunque no queramos usarlas: de hecho, los exámanes tiran ciertos resultados que posiblemente rechacemos.

En mi caso, por ejemplo, salió que soy sumamente emotivo, y que dejo que mis emociones dominen el ánimo del resto del día, por lo que recibir cierto tipo de retroalimentación podría incomodarme.

¿Qué creen que pasó el resto de ese primer día? Pasé amargado.

Cómo se le ocurría a ese exámen decir eso”, pero al menos, ya sé en qué tengo que trabajar para mejorar y sé que el puesto en el cual yo trabajaré tendrá retroalimentación constante. Ya cuento con las herramientas y la realidad para trabajar en que no me afecte.

Romper con el sistema, ¿lo hago o no?

¿Cuántas historias hemos escuchado de empresarios exitosos que han roto con las cadenas de la autoridad, la gran corporación, y se han enrumbado en sus propios sueños, terminando como Google, Facebook y Tesla?

No lo estoy haciendo y debería hacerlo. Estoy perdiendo mi chance. ¿Cómo lo hago?  

Pero, ¿cuántas historias de fracaso hemos escuchado? ¿Con cuántos empresarios hemos hablado de las luchas que tienen día a día? ¿En qué se equivocaron?

Esto, aclaro, no para que la gente se retraiga en su cubículo y diga: “Ah, no, ya no quiero ser empresario.”

No, ¡lo contrario! Es el mejor indicador de cómo podría ser el mundo independiente y si uno está dispuesto a vivirlo o no, incluyendo los errores.

Si, por ejemplo, mi sueño es tener un taller de carros (algo que siempre me ha gustado), ¿por qué no hablo con alguien que tenga experiencia y trabajo los fines de semana para conocer los funcionamientos internos de un taller?

Puede ser que la idea de ser el dueño no me encante, sino de ser sólo un mecánico. O al revés, la idea de estar en el suelo, engrasado y sudado, no sea mi favorita, pero administrar un taller sí.

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Todo es cuestión de perspectiva. El libro, me lo leí en mis tiempos libres en la oficina. La computadora es del trabajo y el tiquete era para una conferencia que amé y logré visitar en cuestión de un fin de semana.

Pero rara vez vemos eso en los medios y las redes sociales. De hecho, pasamos directamente al resultado, de los peores errores, porque a veces el viaje es lo que más se disfruta.

La búsqueda de la felicidad, esa frase tan trillada, es un viaje de nunca acabar. A veces comenzarlo requiere de vernos a nosotros mismos, en vez del mundo que nos rodea.

Apagar el Instagram, salirse del Facebook, hacernos las preguntas incómodas, analizarnos un poco y comenzar a experimentar es necesario y más difícil de lo que queremos; esto no significa que hay que dejar atrás todo lo que uno ha trabajado.

Pero sólo haciendo esto, y no dándole like a miles de fotos, es que sabremos qué significa buscarla.

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

4 thoughts on “La porno de la felicidad”

  1. No dudo de su experiencia, y que en él se describen los demás ‘, pero en realidad puede una persona hablar en nombre de todos los miembros de una industria? Ese beneficio de la duda no es dado a cualquier otra persona a partir de abril, que descarta cualquier persona en la industria de la pornografía que no está de acuerdo con ella como mentirosos. Si no está de acuerdo con la pornografía, entonces la gente de hecho disfrutar de espectáculos pornográficos, o al menos no tener las mismas experiencias que abril no afectará a ella. El disfrute del pecado lo hace peor, no mejor, ¿no? generalizaciones no van a convencer a los que no están de acuerdo con usted.

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