Las mujeres son pasajeras

Nuestra sociedad no permite la independencia por la misma contradicción de su realidad. Parece que flotamos en un estado permanente del que “peca y reza, empata”.

El año pasado mi novia se fue a viajar por Europa durante tres meses. Habría largos periodos en donde estaría sola (verdaderamente sola) y en otros tramos estaría con familia o amigas. No estuve incómodo, más bien siempre he fomentado la idea de viajar en solitario, algo que he tenido la dicha de hacer.

Durante su estadía en Inglaterra, Croacia, España, Holanda, Bélgica, Malta y Alemania nunca estuve preocupado y bien le pudo haber pasado algo a ella en cualquiera de esos destinos.

No fue sino hasta que me mencionó que quería ir a Turquía que a mis adentros comencé a desear que no fuera; de repente sentía que todo le podría pasar.

Con la furia que desató el asesinato de Menegazzo y Coni, me puse a pensar sobre ese viaje que tomó mi novia y que toman muchas mujeres. Turquía no era el problema. Ni era el hecho de que ella fuera sola. Era el hecho de que tengo tan calada la violencia contra las mujeres que sabía que algo podía pasar.

Pero, ¿Qué tan diferente es Turquía de las playas de Costa Rica? ¿De las calles de Costa Rica?

Y mientras veo las celebraciones supuestamente colocando a la mujer en alto, es inevitable hurgar en la contradicción de nuestras realidades. Queremos que la mujer pueda viajar.

Pero decimos que son, y cito de la belleza de las redes sociales, “un par de brutas por querer hacer dinero en Ecuador para poder viajar” o “¿por qué viajan en autostop solas?”.

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Yo hice autostop en Ecuador, sólo, completamente sólo, y la reacción más agresiva fue: “qué dicha que no pasó nada”.

Queremos que sea independiente pero no dejamos que escoja lo que ella quiera hacer con su cuerpo. ¿Cuántos hombres hubo deteniendo la FIV? ¿Cuántos quieren seguir prohibiendo el aborto?

Queremos que sea madre, pero madre bajo nuestro estándar.

Queremos que sea empresaria y líder dentro de las organizaciones. Pero no les pagamos lo mismo. O más.

Una mujer nunca viaja sola. La acompaña un sinfín de adjetivos que ni siquiera ella escoge, desde santa hasta puta, desde peleona hasta sumisa, desde loca hasta aburrida. Aún en su propio vuelo, las mujeres son pasajeras.

Mi novia llegó a Costa Rica con 20 dólares en la billetera, la tarjeta vacía, una sonrisa en la cara y miles de memorias. Nunca pudo ir a Turquía. Sus finanzas no se lo permitieron. Si hubiera ido, probablemente le hubiera dicho: cuidate, siempre viajá segura.

Al fin y al cabo, ella fue piloto de su propio destino.

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

3 thoughts on “Las mujeres son pasajeras”

  1. Chapó. Es realmente asqueroso como después de la muerte de estas dos adolescentes en México a la mayoría de la gente lo único que se les ocurrió decir “eso les pasa por viajar solas”. Es lamentable.

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