La anegable ausencia de empatía

A veces es difícil la empatía, y más fácil la violencia.

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San Pedro, 4:32 pm, nubes grises, asfalto húmedo, el vaho sube de las calles, luces rojas interminables, la orquesta de cláxones. 

Quiero que nos pongamos en los pies de otra persona. Si bien es cierto, Pierre Bourdieux dijo que es imposible comprender totalmente la realidad de otra persona, por más que uno trate de colocarse en sus pies. Esto debido a nuestro bagage, nuestras experiencias, positivas y negativas, que han pasado durante todos los años.

Llegué al Automercado luego de un cierre fiscal cansado, aunque sé que los compañeros de bodega la tienen más difícil. Compré rápidamente cosas que necesitaba la estimada señora que limpia la casa. Luego pasé por galletas libres de gluten (milagrosamente han bajado el costo, ya que la moda todos se la creyeron), una gaseosa y vegetales.

Mi combinación extraña de compras era pequeña lo que me permitió jugar entre las cajas. Cometí el error de irme por la que tenía únicamente una señora. Cuando llegué, el masivo cargamento de comida me indicó que duraría más de lo estimado. Sin embargo, volver al ajedrez social de navegar por los números encendidos hasta poder encontrar una caja que me atendiera rápido no me atraía.

Fue entonces cuando un bebé comenzó a llorar. Soltaba sus alaridos con potencia, ese tipo de llorido que duele escuchar porque es visceral y no de chineo. La madre, sosteniendo a su otro hijo de la mano, hacía el mejor esfuerzo por tranquilizarlo. Estaba pronta a salir, sin embargo un código había tirado error. La bebita ignoraba la falla informática y le hacía al supermercado entero que algo, lo que fuera, pero algo pasaba.

Evidentemente el escuchar un bebé llorar no es afición de muchos. Es de poquísimos.

La madre gentilmente columpiaba a su cría con una cara de congoja y de cansancio. Pero no lo lograba. Llegó al punto en que varia gente dirigió su atención a la escena. La señora enfrente mío, mientras empacaban todos sus productos, dijo: “no la están chineando a esa bebita, pobre.” Mientras firmaba el voucher, reiteró, “es que no sabe cómo hacerlo”.

Volví a ver y la madre sonrió con pena. Le hablaba a su bebé, tratando de negociar un sucinto silencio para poder devolver la comodidad al supermercado ya que el Jazz de Kenny G no se escuchaba y eso es sacrilegio.

La bebita no aceptó la negociación.

Luego, en la caja de a la par, un señor osó decir, y cito, “jueputa vaga esa, que no sabe críar a un chiquito. Ni la está calmando.”

Aclaro, que en este momento, el señor no había puesto sus ojos al bebé, no había puesto atención a toda la escena. Tampoco sabía que se generó una falla en el sistema, ni que la cajera le instó a la señora que si quería se sentaba mientras venían.

Hace poco una querida pareja mía tuvo una linda hija. Padres primerizos son, y a su vez, es una recién nacida. Un día que los visitaba, su hija comenzó a llorar, el mismo sonido visceral, doloroso, y lo peor de todo, incomprehensible. Las causas por las cuales un bebé llorar son igual de cuantiosas a aquellas por las cuales un político miente. Saber la verdadera es casi imposible hasta que se tantea y se descubre: pañales sucios, hambre, frío, calor, sonidos, dolores en las articulaciones cuando estas crecen, cólicos, de todo.

Cuando la gente a veces pregunta, y, ¿por qué llora? Es válido contestar un “no sé”.

Entonces, ¿por qué desplegamos tanta violencia?

Una vez que le entregaron todas sus compras, le pidió al empacador que le llevara las compras a un Rav4 verde parqueado en la parte del cajero del BCR. Ella se sentó, se descubrió su seno y alimentó a su hija. Automercado volvió a su paz.

“¿Ve? Sólo le faltaba comer. Vieja huevona.” Dijo el señor yéndose.

Me pregunto si él tenía tetas tambíen.

Nadie quiere escuchar a un bebé llorar. Sin embargo, todos fuimos aquella criatura que lloraba por cualquier cosa que ahora consideramos pendejada. La gente emanaba incomodidad, superioridad, como si fuera una competencia ser humano, y peor de todo, nadie emanaba empatía.

Nos estamos yendo a la mierda.

Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

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