Sociedad Violadora

El abuso sexual en nuestro país está latente en cada esquina y es la misma aversión que se le tiene al tema la que da combustible a que se siga dando.

Dos días atrás mi novia me mandó un mensaje de texto: recién habían violado a una muchacha de quince años a dos cuadras de su casa, en un parque esquinero. ¿Muchacha o niña? Los guardas la recogieron y la fueron a dejar a la casa. Mi novia vive en uno de los lugares supuestamente más seguros y tranquilos de San José. No me llamó, es fácil saber porqué. Escucharlo lo confirma.

Quince años. ¿Qué hacía yo a los quince? Recuerdo que si pensaba en sexo, no era más que una fantasía imposible de conseguir por una serie de factores, algunos dentro y otros fuera de mi control. Me gustaba Star Wars, también la aviación y escribir. Pero el sexo ni siquiera había llegado a concretarse, mucho menos hablar del abuso sexual. Recuerdo que se mencionó de manera ligera en clases de educación sexual: uno de los peores tabús dentro de los muchos que veíamos entre risas y mejillas sonrojadas, como cuando la profesora sacaba un condón.

Tal vez porque comencé a ser sexualmente activo más tarde que el promedio (a los 18, y no, no me avergüenza), todavía me cuesta comprender a las parejas de quince o dieciséis años que experimentan, sacrificando el pensar por la calentura, y con poca comprensión de lo que les pasa y puede pasar fisiológicamente.

En momentos de tensión y nervios, la ansiedad de la experimentación y la euforia de la primera aventura sexual, las cavidades anal y vaginal se tensan, no hay una lubricación adecuada, en caso de la mujer, y las rupturas se pueden dar más fácilmente, ya sea internas en la mujer o fálicas en el hombre. Es típico que lesiones sexuales se den en parejas inexperimentadas y en cuerpos que no están listos para la penetración. Esto cuando es voluntario.

Luego pienso en ella: quince años, indefensa, inocente y lo más probable ni sabía qué es lo que estaba pasando. Tan sólo estaba en el momento equivocado en el lugar equivocado, pudo haber sido cualquier otra persona. Casos como este pasan más frecuente de lo que pensamos: cada 18 horas una persona es violada en nuestro país.

También, en Costa Rica, se reportan 500 casos de violación al año. Eso es sólo la punta del iceberg ya que alrededor del mundo, y nuestro país no es la excepción, 91% de las violaciones pasan sin reportarse.

Las causas son muchas: algunos actos pasan sin reportarse por miedo a más abusos y otros por miedo a la crítica social que con lleva un acto de estos. Lo interesante de nuestra sociedad, y muchas con respecto a la violación, es que crea la sensación de culpa en las mujeres. Los pretextos sobran: se veía muy zorra, nadie la tenía en ese lugar, estaba muy borracha o se la buscó.

Irónicamente esto viene de los mismos que le dan combustible a la violencia sexual. En la inmensa mayoría somos nosotros los hombres. En nuestro país, las víctimas son mujeres en 85% de los casos de abuso sexual reportados; pocos pensarían que 15% de las víctimas son hombres. Esta idea no cala en nuestra sociedad. Un hombre, o niño, al ser abusado sexualmente se convierte en: maricón, homosexual y pendejo, hasta en poco hombre por defenderse. De nuevo se recurre, al igual que con las mujeres y siempre incorrectamente, en hacer creer a la víctima que realmente la responsabilidad era suya.

Por esto, si nosotros los hombres somos tan elementales en este trágico tema, algo tenemos que ser capaces de hacer para poder prevenir el abuso sexual: he aquí la clave de todo esto. Capaces de hacer.

Existe un fenómeno que se llama difusión de responsabilidad: entre más gente haya, menos probabilidades hay que alguien tome la iniciativa. Suena familiar con nuestra realidad. Aunque se efectúan esfuerzos para denunciar el abuso sexual, nuestros pasos todavía son pequeños, casi infantes.

¿Qué se puede hacer? Comienza por uno, la peor responsabilidad en esta sociedad. Ninguna mujer se merece hostigamiento verbal o físico por como se viste. Ningún niño merece ser violado por un pasado que no escogió. Ningún hombre merece humillado por ser víctima del abuso sexual. Ninguna mujer puede ser tachada de puta por haber sido violada. Después de todo, dudo que haya alguien que no le tenga pánico a ser uno de los 500.

Denunciar requiere coraje. Violar no. Pero el coraje es contagioso. Cuando una persona valiente se planta firme, endurece las columnas de otros. Así lo dijo Billy Graham.

Artwork by Jamil Hussein
Artwork by Jamil Hussein

Ella, si tenemos suerte, surgirá de esto y se convertirá en una punta de lanza para detener el abuso sexual. Si tenemos suerte. Por ahora, las mujeres del vecindario de mi novia—aquellas que pueden—manejan doscientos metros al gimnasio por miedo y seguridad.

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

4 thoughts on “Sociedad Violadora”

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