Lo que la muerte me enseñó de la vida

Empecé a escribir este texto desde antes que pasara. Cuando ella se fue me dejó lecciones que lo más probable ni se haya planteado enseñarlas. Para algunos podrían parecer triviales. Para otros, valiosos. Para mí son cosas que espero no olvidar y si llega a pasar, que alguien me las recuerde.

De la muerte no comprendemos nada:

Y de la vida menos. Por eso no hay que cuestionarla. Pasamos tanto tiempo preguntándonos qué hacemos en este planeta, hacia dónde vamos y cuál es nuestro objetivo, nos estresamos por algo que va a venir, y todavía no ha venido, o por algo que pasó y ya deberíamos olvidar, tanto que no vivimos el presente. Al final de todo, como me dijo ella, lo que importa es que disfrutamos la vida.

The Playmate by Gary Heller

Entierren sus mierdas:

Ninguna familia es perfecta y la mía no es una excepción. Pero conforme pasa el tiempo me doy cuenta que la sangre es más espesa que cualquier pasado distante o conflicto actual. Lo mejor es sentar a aquella persona frente a frente y cordialmente decirle: “ándate a la mierda”. Luego abrazarla. “Te quiero mucho” también sirve. Entierren sus mierdas.

La mente es poderosa:

Mi abuela sabía cuando se quería ir. Esperó hasta que todos sus hijos estuvieran juntos y con tranquilidad, se fue. Ella fue médico, lo cual era bueno y malo, ya que tuvo conocimiento de lo que pasaba en su cuerpo. Recuerdo en el hospital cuando dijo: “las medicinas y el cáncer están en una guerra, y yo estoy en el medio.” Yo estoy agradecido profundamente con el hecho de que su mente se haya mantenido vivaz. Ella siempre leyó, cuestionó, preguntó y me atrevo a decir que aprendió, aún hasta su último día. La mente es poderosa, por eso somos humanos, es nuestra bendición y nuestra maldición. Pero no podemos dejarla descansar, hay que ejercitarla, chinearla y tratarla como una parte integral de nosotros. Al final del día, lo que nos queda son nuestras memorias.

El silencio da miedo.

Más por él mismo que otra cosa. Una muy querida amiga me dijo: “andá hoy mismo y le decís lo tanto que la querés.” Ese día mi abuela luchaba entre los medicamentos y la consciencia. Cuando me iba, le dije: “te quiero mucho, abuela.” Ella levantó la mirada, me respondió débilmente al abrazo, y me dijo: “yo también, mucho. A vos y a todos mis nietos.” Por un momento pensé que necesitaba coraje para decirlo, luego me di cuenta que necesitaba más bien semblanza al escuchar la respuesta. Hablar es tan sólo una acción, pero de esta salen reacciones importantísimas.

Turkey--Bernardo Montes de Oca

No rechacen la espiritualidad:

La energía pacífica que se sintió en la casa de mi abuela en su lecho de muerte fue inexplicable. A mí me cautivan las religiones pero no soy un hombre de religión, nunca lo fui. Sí creo que los seres humanos estamos constituidos de cuatro planos: el físico, el intelectual, el psicológico y el espiritual. Tenemos que alimentarlos a todos y usualmente al que ignoramos es el plano espiritual. Pero existen cosas que la ciencia no puede explicar y si puede, lo más probable, no quiera escuchar la explicación. Rechazamos a la espiritualidad por miedo a comprenderla, a aceptarla como algo tangible, palpable. Y a la larga, puede ser que eso es lo que necesitamos: no entender, sólo creer. ¿En qué? Es decisión de ustedes.

Sunset in Nosara-Bernardo Montes de Oca

La vida es un ciclo:

No hay que alargarlo, hay que aprovecharlo. Con semblanza que sólo la sangre puede tener, su hermano ordenó quitarle el oxígeno. Ella descansó con paz. No es humano que una máquina viva por una persona.

Acojan las emociones:

Lo que se siente en el momento, hay que acogerlo, no rechazarlo. Si hay que llorar, se llora. No hay momento más introspectivo que aquel en que uno está completamente indefenso y no hay posibilidad de que lo ataquen. He ahí el momento en que voy conociendo a quién camina en mis zapatos.

Mi abuela murió a sus 87 años de surcar este mundo. Se fue en paz, se fue con su familia acompañándola. La vida continua y nosotros seguimos en ella. Por eso celebro lo que ella me enseñó en tan poco tiempo. Terca como ella sola, luchó. Oh, Abuela, cómo luchaste.

No queda más que decir: hasta luego.

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Author: Bernardo Montes de Oca

Journalism. Writing. Life. Periodismo. Escritura. Vida.

2 thoughts on “Lo que la muerte me enseñó de la vida”

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